JOSÉ CALDERA|Psicología de la dominación
En la actualidad atravesamos por uno de esos momentos transcendentales de la historia, que representa oportunidades de acción para las mejoras de la humanidad.
En Venezuela estamos viviendo una profunda crisis social. Tenemos la inflación más alta del mundo y somos el tercer país con mayor tasa de criminalidad, acompañado a su vez de un nivel de escasez de productos de la cesta básica, impensable para un país petrolero, sumándose a un pésimo nivel de calidad en los servicios públicos (electricidad, agua y gas domestico).
Ante esta situación y luego de tres meses de constante lucha, el régimen reacciona como tantos otros gobiernos autoritarios, buscando contagiar de pesimismo y resignación a la sociedad, que desesperadamente busca una solución a esta realidad. Esto sin dudas es parte del juego de la psicología social planteada por esta clase de gobiernos, que a través de una maquinaria mediática y propagandística trata de restar mérito a las luchas de los grupos de oposición.
Ya pasó en la Alemania nazi, en la Unión Soviética, y pasa actualmente en Cuba y Venezuela, donde sus gobiernos pretenden ridiculizar y criminalizar cualquier acción de legítima protesta (llamando terrorista al movimiento estudiantil, encarcelando y persiguiendo a dirigentes políticos y prohibiendo a través del aparato judicial las manifestaciones de calle).
Expertos en psicología social opinan que los regímenes opresores tratan con sus acciones, de romper los lazos sociales (sembrar la desconfianza y promover la polarización entre los ciudadanos).
Tras quince años, este gobierno busca a través de reformas del sistema educativo y con una fuerte campaña mediática, la construcción de un nuevo ser social (aterrado, pasivo y resignado).
La psicología nos explica que parte importante de nuestra conducta individual está determinada por nuestro entorno. Ya los experimentos de Lewin, Asch Milgram, Asch y Zimbaro, nos muestran cómo todos los seres humanos somos moldeados por la situación y el contexto que nos rodea. Esto refiere que muchas veces podemos actuar por simple presión social, aun y cuando en circunstancias individuales reaccionaríamos de forma opuesta.
El régimen entiende esto muy bien y ha establecido su propio status quo de manera muy perversa, generando una relación de dependencia directa entre sus simpatizantes, estableciendo un esquema de persecución a la crítica (tanto interna como externa) y premiación a la adulación, promoviendo una especie de “Fe ciega” (especialmente en la Fuerzas Armada).
De esta manera, podemos explicar cómo muchos ciudadanos son víctimas del miedo, ya que son beneficiarios de algún programa del gobierno o simplemente son trabajadores públicos, y en estas coyunturas reaccionan al instinto de supervivencia natural, para garantizar cierta estabilidad económica o social, renunciando muchas veces a su libertad de pensamiento.
Es nuestra tarea ponerle fin a esos propósitos y comenzar a trazar un nuevo espacio, que permita la construcción de un país sin discriminación ni polarización. Para ello, debemos dejar que la MUD siga haciendo su trabajo, dejar de lado las posturas radicales y comenzar a construir un discurso coherente, que vaya acompañado de acciones que nos permitan reparar el tejido social y todo el daño que ha dejado la utilización de un discurso violento, promovido por el gobierno entre venezolanos.
José Leonardo Caldera|@JoseLCaldera|dirigente juvenil de UNT
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